Verano de 1943. Los aliados dominan ya el Norte de África y piensan en la futura invasión del continente europeo. La Francia que se negó a rendirse no quiere participar en la tarea de la liberación como simple comparsa, y De Gaulle desea, entre otras muchas  cosas, una moderna División Acorazada con la misión de ser la primera en  entrar en París.

  Los comienzos de La Nueve

Aunque hay  constancia de que varios de los conductores de los vehículos que participaron en la heroica toma de Koufra o de los grupos de antitanques que lucharon valientemente contra el Afrika Korps en Ksar Rhilane eran españoles, los antecedentes inmediatos de La Nueve están en los Corps Francs d'Afrique, que se crearon para la campaña de Túnez. En ellos se alistaron no pocos  exiliados republicanos, la mayoría de los cuales llevaban instalados en el norte de África desde el final de la guerra civil. Ese es el caso del Capitán Buiza - antiguo almirante  de la Marina Republicana Española - o del Teniente Antonio Van Baumberghen Clarasó . El primero de ellos mandará la 9e compagnie del III batallón del Corps Franc, conocida como “l’Etrangère” y que es el antecedente directo de “La Nueve”. Sus hombres provienen de los campos de internamiento, y abundan lo ex legionarios de los orígenes más diversos. Otro personaje que aparece entonces es el capitán alsaciano Joseph Putz, que manda la 11e compagnie. Es un oficial de la reserva que conoció las trincheras de la guerra 1914-1918 y que ha desarrollado una intensa labor en la guerra de España, en donde ha mandado la XIV Brigada Internacional, conocida como “La Marsellesa”. Putz será uno de los hombres clave en la historia de La Nueve.

   
 

Al finalizar la Campaña Africana, en mayo de 1943, la llamada “Force L” del General Leclerc, junto a diversas unidades de la Francia combatiente y el ejército francés de África son reunidos para crear una nueva unidad, la 2e  División Légère Française Libre, que el 24 de agosto de 1943 se transforma en la 2ème. División Blindée (2e DB). Organizada según el modelo estadounidense, va a ser una gran unidad con más de trescientos vehículos de combate y quince mil hombres. El mando corresponde al General Leclerc, que va a conseguir convertir una amalgama de hombres de los orígenes más diversos, de todas las creencias y de todas la ideologías, en una eficaz máquina de guerra.

En la 2e DB, la infantería que acompaña a los carros blindados la va a constituir el Régiment de Marche du Tchad (RMT), que se formará con la fusión de elementos de la antigua “Columna Leclerc” con el “Corps Franc d’Afrique”. El renovado regimiento tiene tres batallones, y el tercero de ellos ha sido puesto bajo la autoridad del ahora comandante Putz. En ese batallón, la novena compañía, al mando del capitán Raymond Dronne, es todavía más “española” que en la época de Buiza. Tanto, que desde el principio todos se referirán a ella como “La Nueve”, en español.

           
 

Los españoles fueron bien acogidos en la 2e DB pese a su “mala fama” de indisciplinados y revoltosos, por no hablar de sus antecedentes políticos como izquierdistas y revolucionarios.  Pese a ello, la adaptación a la disciplina de la División fue ejemplar, y a ello no fue ajeno el peculiar “estilo Leclerc” para ejercer el mando. Ideológicamente, los anarquistas eran predominantes en la Tercera Sección de la Compañía, mientras que los socialistas y republicanos moderados lo eran en la Primera y la Segunda. Hubo, al parecer, pocos comunistas. Pese a las diferencias políticas, el sentimiento unitario antifascista era demasiado fuerte para que se perjudicase su eficacia como unidad de combate. En este sentido, contaban a su favor con el hecho de ser combatientes experimentados en una guerra que había sido especialmente feroz, lo que les convertía, de alguna manera, en una especie de élite.

 
 

Parece que llevaron con ellos algunas de las costumbres adquiridas en la guerra civil. Elegían sus propios jefes de sección y arreglaban entre ellos sus cuentas “disciplinarias”. El mando había que ganárselo, no bastaban los nombramientos “desde arriba”, pero si se conseguía pasar la prueba de la aceptación por la tropa, ésta seguiría a sus jefes con los ojos cerrados.  Por lo demás, el mando de la 2e DB terminó aceptando, incluso, que los españoles llevasen una insignia con los colores de la bandera republicana con el asentimiento del jefe de batallón: por algo Putz había combatido bajo esa bandera durante los intensos años de la guerra civil.

Al incorporación a la nueva división siguió el entrenamiento, para lo que fue trasladada a Temara (Marruecos),. El Régiment de Marche du Tchad, al igual que el resto de la División, fue equipado totalmente con material estadounidense (como así lo disponía el Plan Anfa) y como infantería mecanizada, fue dotado de modernos half-tracks, vehículos semiorugas de 9 toneladas aptos para desplazarse por todos los terrenos acompañando a los carros de combate.

Para los españoles que se alistaron en 1943 en la 2DB, la idea misma de una División Acorazada debería resultar verdaderamente exótica,   después de su experiencia en una guerra tan anticuada en planteamientos tácticos como la Guerra Civil Española. Sin duda no debió ser    fácil sustituir sus hábitos de soldados de infantería tradicional, que marchaban a pie o en tren, que cavaban trincheras y que atacaban frontalmente a la bayoneta por los del infante mecanizado de la Segunda Guerra Mundial. Ahora se trataba de aprender a combatir desplazándose rápidamente en potentes vehículos y con modernas armas automáticas.

 

 


 

 

Tras un periodo de intensa instrucción la 2e. D. B. es trasladada a Inglaterra  donde continúa su preparación y se organiza, a la manera de los “combat teams” estadounidenses, en tres “Groupements Tactiques”, una organización que recuerda lejanamente a las Brigadas Mixtas de la Guerra Civil: un batallón del RMT  acompaña a un regimiento de carros más un grupo de artillería, cazacarros, reconocimiento...El tercer batallón, al que pertenece La Nueve, será adscrito al Groupement Tactique Warabiot, o G.T.V. Siguiendo la costumbre francesa de “bautizar” a todos los vehículos, los españoles de La Nueve darán a sus half-tracks los nombres de las batallas de la guerra civil: Teruel, Ebro, Brunete, Madrid, Belchite, Guadalajara... También  otros tópicamente evocadores como Don Quijote, o España Cañí. Esos nombres quedarán  indisolublemente unidos a la leyenda de La Nueve.
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